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BMW 507

Clásicos · Octubre 2026

La belleza que casi cambia el destino de BMW

Un V8 bajo un capó interminable, proporciones perfectas y una producción limitada hicieron del BMW 507 uno de los deportivos europeos más fascinantes de los años cincuenta

Hubo un momento en el que BMW necesitaba algo más que construir automóviles: necesitaba una nueva identidad. A mediados de los años cincuenta, la compañía alemana buscaba recuperar prestigio y entrar en el competitivo mercado de los deportivos de lujo. El resultado fue el BMW 507, un elegante roadster que combinó ingeniería alemana, diseño italiano y una personalidad absolutamente propia.

Presentado en 1955, el 507 fue concebido para competir en el mismo territorio que algunos de los grandes deportivos europeos de la época. Su carrocería fue diseñada por Albrecht Graf von Goertz, mientras que bajo el largo capó se encontraba un V8 de aluminio desarrollado por BMW. El proyecto tenía todos los ingredientes para convertirse en un éxito. Sin embargo, su elevado precio y una producción muy limitada terminaron convirtiéndolo en una pieza extraordinariamente exclusiva.

Cifras clave

1955

año de presentación

150

CV de su V8 de 3,2 litros

200

km/h de velocidad máxima aprox.

252

unidades fabricadas


Hoy, precisamente esas circunstancias forman parte de su leyenda.

Un diseño nacido para conquistar Estados Unidos

La historia del 507 comenzó con una idea muy concreta. El importador estadounidense Max Hoffman convenció a BMW de que existía espacio para un deportivo más atractivo y accesible que los grandes gran turismo europeos de la época.

BMW encargó el diseño a Albrecht Graf von Goertz, quien creó una carrocería que se alejaba de las formas tradicionales de la marca.

El resultado fue espectacular. El largo capó, la cabina retrasada, los pasos de rueda definidos y la pequeña zaga creaban unas proporciones clásicas de roadster. En el frontal aparecían los característicos riñones de BMW, pero interpretados de una manera más ancha y baja.

Las proporciones eran tan equilibradas que el automóvil continúa pareciendo moderno décadas después de su presentación.

BMW 507 negro de 1955 en vista frontal, foto de archivo de BMW
Foto: BMW Group

El primer V8 de producción de BMW

Debajo de aquella elegante carrocería se encontraba uno de los elementos técnicamente más importantes del 507: un V8 de 3,2 litros, el primer motor V8 de producción de BMW.

El propulsor utilizaba un bloque de aluminio y desarrollaba aproximadamente 150 CV, una cifra considerable para mediados de los años cincuenta.

La alimentación se realizaba mediante dos carburadores y la potencia llegaba al eje trasero a través de una transmisión manual de cuatro velocidades.

El objetivo no era convertir al 507 en un automóvil de competición radical. BMW buscaba crear un gran turismo deportivo capaz de ofrecer prestaciones, refinamiento y una experiencia de conducción sofisticada.

Su velocidad máxima rondaba los 200 km/h, dependiendo de la configuración, mientras que la aceleración hasta 100 km/h se situaba aproximadamente en torno a los 11 segundos.

Foto: BMW Group

Ligero, elegante y cuidadosamente construido

El 507 utilizaba una estructura con carrocería de aluminio que ayudaba a mantener el peso relativamente contenido. Su suspensión independiente delantera y el eje trasero rígido proporcionaban un comportamiento acorde con las expectativas de un deportivo de la época.

Pero probablemente uno de sus mayores atractivos estaba en la forma en que combinaba estas características con un nivel de acabado muy elevado.

El interior estaba diseñado para dos ocupantes y podía incorporar materiales de alta calidad, mientras que la instrumentación se distribuía de manera clara frente al conductor.

Cada ejemplar requería una fabricación prácticamente artesanal, algo que contribuyó a elevar considerablemente sus costes.

Foto: BMW Group

Un precio demasiado elevado

Aquí apareció el gran problema del BMW 507. La intención inicial era crear un deportivo relativamente accesible, pero los costes de desarrollo y producción terminaron situándolo en un nivel de precio muy elevado.

En Estados Unidos, el modelo debía enfrentarse a deportivos europeos y estadounidenses que ofrecían prestaciones similares por mucho menos dinero.

La consecuencia fue una demanda inferior a las expectativas de BMW.

Entre 1956 y 1959 se fabricaron únicamente 252 unidades, convirtiendo al 507 en uno de los BMW más raros de todos los tiempos.

La escasa producción contribuyó a que BMW perdiera dinero con el proyecto y la compañía atravesara posteriormente una etapa financiera complicada.

Foto: BMW Group

Una estrella entre las estrellas

A pesar de sus dificultades comerciales, el 507 consiguió algo que no puede medirse únicamente en cifras de ventas: convertirse en un objeto de deseo.

Hay diseños que envejecen; otros simplemente se convierten en clásicos.

Su elegante diseño atrajo a personalidades del mundo del espectáculo, la cultura y el deporte. Entre sus propietarios más conocidos estuvo Elvis Presley, quien adquirió un 507 durante su estancia en Alemania.

La relación del modelo con el cantante estadounidense contribuyó posteriormente a aumentar su fama, especialmente entre los aficionados a los automóviles clásicos.

Pero el 507 no necesitó celebridades para demostrar su importancia. Su combinación de diseño y exclusividad ya lo había convertido en una pieza excepcional.

Foto: BMW Group

El nacimiento de una nueva identidad

Aunque comercialmente el proyecto no alcanzó sus objetivos, el BMW 507 tuvo una enorme importancia para la imagen de la compañía.

Demostró que BMW podía construir un deportivo de lujo con una identidad visual propia y establecer una conexión entre elegancia y prestaciones que continuaría evolucionando durante las décadas siguientes.

También dejó una influencia estética visible en generaciones posteriores. Los riñones delanteros, las proporciones deportivas y la combinación entre líneas fluidas y superficies limpias terminarían formando parte del lenguaje de diseño de BMW.

El 507 no fue un éxito comercial, pero sí se convirtió en una referencia histórica.

Foto: BMW Group

Un clásico que ganó valor con el tiempo

La escasa producción ha hecho que los ejemplares supervivientes sean extremadamente buscados por coleccionistas. El estado de conservación, la originalidad, la procedencia y la configuración de cada unidad pueden influir considerablemente en su valoración.

Pero más allá de su precio actual, el interés por el 507 tiene una explicación más sencilla: es uno de los BMW más bellos jamás construidos.

Su importancia reside precisamente en la combinación de factores que originalmente dificultaron su éxito. Fue caro de producir, exclusivo, artesanal y radicalmente diferente de otros BMW de su época.

Foto: BMW Group

La belleza de una apuesta arriesgada

El BMW 507 representa una de las historias más fascinantes de la industria automotriz alemana. Fue concebido para conquistar nuevos mercados, diseñado como una pieza de arte sobre ruedas y equipado con una mecánica que marcó un antes y un después para BMW.

Sin embargo, el mercado no respondió como esperaba la compañía.

Paradójicamente, aquello que en los años cincuenta fue un problema terminó convirtiéndose en una de sus mayores virtudes. Con apenas 252 unidades fabricadas, el 507 pasó de ser un proyecto comercialmente complicado a convertirse en una auténtica joya de la historia de BMW.

Y mientras muchos automóviles de su época fueron olvidados, el roadster diseñado por Goertz continúa siendo reconocible por una razón muy sencilla: hay diseños que envejecen; otros simplemente se convierten en clásicos.


Ficha técnica

Presentación1955
Producción1956-1959, 252 unidades
DiseñoAlbrecht Graf von Goertz
MotorV8 de 3,2 litros con bloque de aluminio
PotenciaAprox. 150 CV
0-100 km/hAprox. 11 segundos
Velocidad máximaAprox. 200 km/h
CarroceríaRoadster de aluminio

Galería

Fuentes: BMW Group Classic.

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