Clásicos · Noviembre 2026
El deportivo japonés que desafió a Ferrari
Por: AUTOMUNDO / Redacción
A comienzos de los años noventa, el mundo de los superdeportivos parecía tener dueños establecidos. Ferrari y Porsche representaban la tradición europea de altas prestaciones, con automóviles que combinaban potencia, diseño y una experiencia de conducción exigente. Sin embargo, desde Japón llegó una propuesta diferente: el Honda NSX, un deportivo de motor central que demostró que la precisión, la tecnología y la fiabilidad podían convivir con las prestaciones de un auténtico superdeportivo.

Presentado como prototipo en 1989 y comercializado en 1990, el NSX —vendido como Acura NSX en Norteamérica— se convirtió en uno de los proyectos más ambiciosos de Honda. Su nombre procedía de New Sportscar eXperimental, una denominación que reflejaba perfectamente su propósito: explorar una nueva manera de entender los automóviles deportivos.
Un proyecto con grandes ambiciones
El desarrollo comenzó a tomar forma durante la década de 1980, cuando Honda decidió trasladar parte de su experiencia tecnológica y deportiva a un automóvil de altas prestaciones. La marca quería crear un modelo capaz de competir con los mejores deportivos europeos, pero sin renunciar a sus propios principios: facilidad de conducción, ergonomía, calidad de fabricación y durabilidad.

El equipo dirigido por el ingeniero Shigeru Uehara eligió una configuración de motor central transversal y propulsión trasera. Esta disposición permitía concentrar buena parte de la masa cerca del centro del vehículo, favoreciendo el equilibrio y la respuesta en curvas.
El diseño también rompía con algunos convencionalismos. Su perfil bajo, la cabina adelantada y la amplia superficie acristalada evocaban la silueta de un avión de combate F-16. Además de aportar una identidad visual inconfundible, la carrocería buscaba ofrecer una excelente visibilidad y una experiencia de conducción más intuitiva.
Tecnología de competición para la carretera
Honda aprovechó los conocimientos adquiridos en sus programas de competición para desarrollar un automóvil capaz de soportar un uso exigente sin convertirse en una máquina incómoda. Las pruebas se realizaron en circuitos como Suzuka, Laguna Seca y Nürburgring, donde los ingenieros pudieron evaluar el comportamiento del chasis, la suspensión y la estabilidad a altas velocidades.
Uno de los momentos más importantes del desarrollo llegó en 1989, cuando Ayrton Senna participó en las pruebas del prototipo. El piloto brasileño señaló que la estructura todavía necesitaba mayor rigidez. Sus observaciones llevaron al equipo a elevar sus objetivos y continuar trabajando en el chasis, cuya rigidez se incrementó considerablemente durante aquella fase.
La intervención de Senna no significó que diseñara el automóvil, pero sí aportó una perspectiva de competición decisiva para perfeccionar su comportamiento dinámico.
Una carrocería revolucionaria de aluminio
Uno de los mayores avances del NSX fue su estructura monocasco fabricada íntegramente en aluminio, una primicia para un automóvil de producción en serie. Honda desarrolló nuevos procesos de estampado, soldadura y ensamblaje para trabajar con este material, que presentaba importantes desafíos técnicos y de fabricación.

El resultado fue una reducción aproximada de 140 kilogramos en el peso de la carrocería respecto a una estructura equivalente de acero, además de una disminución cercana a los 200 kilogramos en el vehículo completo frente a una solución convencional comparable.
El aluminio también se utilizó en numerosos componentes de la suspensión y otros elementos estructurales. Esta estrategia permitió combinar ligereza con una estructura suficientemente rígida para ofrecer precisión en la conducción.
El corazón V6 VTEC
El NSX original llegó al mercado con un motor V6 de 3.0 litros, doble árbol de levas y tecnología VTEC, el sistema de distribución variable de Honda que optimizaba el funcionamiento del motor a diferentes regímenes. Su respuesta progresiva y capacidad para subir de revoluciones eran parte esencial de su personalidad.

En su configuración inicial para el mercado estadounidense, desarrollaba 270 hp y estaba asociado a una transmisión manual de cinco velocidades. El conjunto se instalaba transversalmente detrás de los ocupantes y enviaba la potencia al eje posterior.
En 1997 llegó una evolución importante: el motor aumentó su cilindrada hasta los 3.2 litros en las versiones manuales, incorporando una transmisión de seis velocidades. La potencia también creció, mientras que el modelo continuó refinando su comportamiento y sus prestaciones.
A diferencia de algunos rivales turboalimentados, el NSX apostaba por una entrega atmosférica, lineal y progresiva. Su filosofía no consistía únicamente en alcanzar grandes cifras, sino en ofrecer una conexión directa entre el conductor y la máquina.
No necesitó imitar a Ferrari o Porsche para competir con ellos.
Un deportivo que cambió las reglas
El Honda NSX demostró que un superdeportivo podía ser rápido sin resultar complicado de conducir. Su dirección precisa, excelente visibilidad, ergonomía y calidad de construcción lo diferenciaban de muchos modelos de su época. Incluso su facilidad de uso cotidiano se convirtió en uno de sus argumentos más reconocidos.
La producción continuó durante quince años, con diferentes actualizaciones y versiones especiales. Entre ellas destacó el NSX Type R, presentado en Japón en 1992, que apostaba por una configuración más ligera y enfocada al circuito. También llegaron variantes como el Type T, con techo desmontable, y otras evoluciones de mayor rendimiento.
La primera generación dejó de fabricarse en 2005, después de superar las 18,000 unidades vendidas en todo el mundo.
De superdeportivo innovador a clásico de colección
Hoy, el NSX de primera generación ocupa un lugar especial en la historia del automóvil japonés. Su combinación de motor atmosférico, chasis de aluminio, diseño atemporal y desarrollo con participación de Ayrton Senna lo convirtió en un modelo muy valorado por coleccionistas y aficionados.

Su importancia va más allá de las cifras de potencia. El NSX obligó a los fabricantes tradicionales a prestar atención a una nueva forma de entender el superdeportivo: una en la que la ingeniería avanzada no tenía por qué sacrificar la comodidad, la precisión ni la fiabilidad.
Más de tres décadas después de su lanzamiento, aquel deportivo japonés sigue siendo una referencia. No necesitó imitar a Ferrari o Porsche para competir con ellos. Su mayor logro fue demostrar que Honda podía crear una leyenda con identidad propia.

